miércoles, 7 de abril de 2010

Flecha que no da a ningún lado

Es el momento menos indicado de mi vida para decidir dar el gran salto. Un salto que me haga respirar por menos de un segundo, que es tiempo suficiente para tomar aire. Quizas me oxigene un poco y salga de vuelta a correr y tocar puertas, que me abran y quedarme a tomar unos mates con la dueña de casa.
No recomiendo para nada sentarse en el cordón de la vereda y pensar...
mejor seguir insistiendo con el timbre hasta que te abran la puerta.